en los que la fortaleza encontró
un cuerpo y otro nombre,
en la que vio empapada de sudor tu frente,
de quién alaba esas manos y esas piernas
que sacrificaron su hermosura y su belleza,
y pesé a todo eso, tu cuerpo
no guardó tantos estragos superficiales por el tiempo.
Eres sinónimo de admiración, de lucha,
de trabajo, esfuerzo, de respeto, cariño,
un conjunto de palabras interminable
puesto que no hay una sola que abarque
lo que eres, lo que hiciste y lo que fuiste...
¿Y quién eres ahora? Una guerrera
Hoy extraño oír tus pasos viniendo hacia a mí
como queriéndole ganar al tiempo,
aún cuando tu cadencia es lenta, desgastada y corta.
Me es entrañable sentir tus manos acariciándome
y abrazándome.
Hoy la muerte tiene puesto el ojo en ti
pero no es capaz de llevarte,
sea quedado perpleja ante tu fuerza, y
tu capacidad de resistencia al no querer
ceder tu grandeza a sus tétricas manos.
No había fecha, ni hora, ¡y tú ya no estás aquí!
Cómo una ladrona robándote el tiempo...
Haciendo más sabio al sol y cómplice a la luna.
¡A ti te debo una vida llena de alegría, de apapachos,
de respeto y educación, y soy feliz gracias a ti abuelita!
Te amo.
Para Susana Flores Escobar, gracias por todo abuelita y madre.
CIRO.




