miércoles, 11 de mayo de 2022

El calor nos va a matar a todos.

El calor nos va a matar a todos. Está insoportable, hace un sopor de los mil demonios que la mitad del trolebús está ausente.

Huele a muerte, es el diablo lo sé, huele a pelea, huele a imprudencia, y a lo lejos veo una polvareda levantarse, es un altercado, el viento viene hacia nosotros de una manera abrasadora, es fulminante, se lleva a dos o cuatro, me temo que no los volveremos a ver, su huella fue borrada y la trifulca apenas empieza.

De pronto el transporte en el que vengo se para, todo el tránsito se para, algo esta pasando pero no lo sé porque no alcanzó a ver nada más que caras de asombro, otras molestas, y unas más apenas despertando, como si el desconcierto les hubiera tocado el hombro para despertarlos. 

La gente comienza a bajar del trolebús y yo solo pienso, se me hace tarde, igual tendré que bajar a caminar. Ya estando abajo miro a mi alrededor y un montón de gente se mueve como en manada, juntos pero sin tocarse, mirando solo de frente, al piso o a sus celulares, yo los miro a ellos, y me pregunto ¿es que acaso no ven y no sienten la bruma empezar a caer sobre nosotros?

Miró al cielo y una vez más le echo un ojo a mi alrededor y notó cómo la vista de los chóferes está estupefacta, no lo pueden creer, y sorpresivamente no huyen de la bruma que se acerca con demasiada prisa hacia nosotros, el cielo de estar soleado aunque contaminado se opaca, se torna de un gris claro a un negro espeso, y de pronto ya no veo nada, el calor es el doble de abrumador y rápido siento deshidratarme por medio de mi sudor, mientras intento no sofocarme entre la neblina espesa que cayó sobre la calle, entro en desesperación al no ver nada...


CIRO

Empiezo a caminar con miedo a tropezar con algún carro o moto estacionados o igualmente en movimiento, pero mientras más camino es como si la calle de pronto se hubiera tornado solitaria, y se hubiera quedado vacía, el silencio parece reinar y no hago más que oír lo acelerado de mis latidos y mis pensamientos retumbando en mi cabeza.

De pronto miro la silueta de una pequeña anciana en cuclillas, tratando de acomodar su fruta (lo que parecen ser chabacanos) sobre un par de cubetas boca abajo, se le ve aparentemente tranquila y triste, cómo si supiera lo que pasa, y es ahí cuando ella de pronto habla, con una voz claridosa, dulce y un tanto apagada; -Si buscas a alguien, no están, se los ha llevado a todos, menos a mí, y al parecer a ti tampoco, lo mismo ocurrió cuando vivían mis abuelos, a algunos de ellos también se los llevo, dicen que para oxigenar la tierra de nuevo, pero yo ya estoy vieja y a mí no me lleva, no me quiere llevar, no sé por que. 

Todo eso lo dijo sin volver su mirada siquiera a donde yo estaba parada mirándola, ella solo acomodaba y acomodaba sus chabacanos. Entonces le dije... y ¿a dónde voy yo? ¿A dónde me dirijo? Sin darme cuenta que mi pies avanzaban y ya estaba lejos de ella, sin embargo alcance a escuchar, camina a donde ibas, tal vez tengas la suerte de encontrarte allá a alguien más.....