Hoy, al despertarme me llene de angustia y de pesar, con el clima frío y a medio nublar. Salí afuera de mi zaguán, a quejarme como siempre y llorar. De momento me voltee vi venir a un anciano a medio paso y acercarse a mi, el señor me pregunto si faltaba mucho para llegar al metro, pues venía desde puente del toro a buscar a buscar trabajo y su cita era a las 12 pm, le mencione que ya estaba cerca, señalándole un puente, sin embargo seguía estando retirado. En su rostro se reflejaba cansancio, tristeza y un destello de esperanza. Me dijo señalando su mochila, una mochila grande, desgastada y sucia, como su chamarra, que reflejaban humildad, años de trabajo y fortaleza; me menciono que venía preparado, que traía todos sus papeles, dispuesto a encontrar una fuente de alimento que los mantuviera vivos. Se despidió y me dio las gracias, le deseé que le fuera muy bien y que se cuidara mucho, nuevamente él después de haber dado ya un par de pasos, volvió la cabeza y me dio nuevamente las gracias. Lo miré marcharse lentamente y llegar a la esquina, mirar interesado hacia el producto de un vendedor sin preguntar y seguir...
Fue en ese momento que alce mi vista y miré al cielo para pedir por el señor, porque le fuera bien y lo mantuviera con salud, en seguida me dieron ganas de llorar y me pregunté, por qué a mi?
Cada día que pasa veo pasar a la misma gente y ver rostros nuevos, caminando por las calles, buscando una fuente de trabajo, buscando vender su producto, sea cual fuere, sencillo, elaborado, caro, barato, proponer trueques por que gustan de algo y no tiene el dinero suficiente. Por que todo está igual me dicen, en todas partes, las ventas andan flojas. Y yo no tengo mucho que ofrecer, desde un pequeño bazar espero también vender algo, acceder al intercambio y pedir por que al día siguiente nos vaya bien, y les vaya bien a todas esas personas necesitadas, que aleje el mal de nuestra casa y que haces personas abusivas el día de mañana la justicia los encuentre, que les vaya mal, si, porque no, no importa si me ven mal a mi por desear él mal a quien se lo ha ganado por sus actos. Todos estamos igual, dicen, sólo que unos decidimos cambiar alguna prenda, acción o alimento por una necesidad o un pequeño gusto.