domingo, 29 de enero de 2017

Don de la ebriedad

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra en gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos
creados
cada vez a los seres? ¡si ya nos llega
y es muy pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su
obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿Cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo- esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me
esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca
afloja.

Claudio Rodriguez