a medio día ya! por ingeniería,
vestida de bellas prendas
pues se rumoreaba que a las mujeres
esbeltas y suculentas todos los hombres
les abrían de chiflar.
Pero ella iba por alguien especial
decíase que era un borracho asqueroso
y un geofísico a medio formar.
¡Héctor Toral!- gritaba la flaca
sin titubear, de pronto sale él
al encuentro, con una caguama en el morral.
-No esperaba verla tan pronto
apenas la iba a poner a enfriar,
Pero venga acompáñeme a mi casa
que un trago no me ha de negar.
Así ella se fue gustosa al destino final.
Platicaron varias horas
con cerveza y con mezcal
cuando de pronto se para la parca
sin decir más, habían llegado a un trato
y bueno, ya se lo han de imaginar.
Héctor vivió muchos años,
sin penas y sin mal,
pues se dice que cada año
un amiga lo venía a visitar.
CIRO.