imposible de salvar,
tú eres la luz de la aurora
y yo soy la oscuridad.
Tú eres la caliente brisa
que da la vida al pasar,
y yo soy el viento helado
que arrastra a la eternidad.
Tú eres la flor más hermosa
del ameno florestal,
y yo el sauz cuyas ramas
despedazó el huracán:
tú eres el alma que llega
y yo el alma que se va.
¿Por qué me lo dijeron, no sabían
que me iban a matar?
¡Fue esa mujer la vida de mi vida!
¡Cuánto doblez, qué negra falsedad!
¡Inmóvil me quedé cuando lo supe
y no supe llorar!...
¡Mientras estaba mi semblante en calma
bramaba en mi interior la tempestad!
Francisco de P. Ortiz