En el cementerio el temblor de septiembre le había sacudido el polvo a nuestros muertos, sus tumbas estaban cada vez más deterioradas, en un completo abandono humano, donde sus mausoleos habían sido saqueados y perturbados por la naturaleza.
Todo estaba más muerto que nunca, cada rincón estaba más polvoso, el panteón entero cubierto por una completa y asfixiante polvareda que envolvía hasta al aire seco.
Hacia cualquier lado al que voltearás, nada parecía tener vida, sus árboles y flores, la hierba crecida, todo estaba inerte, parecía que la naturaleza se había estancado, que había hecho una pausa en el tiempo, sin presentar signo alguno de vida.
Las mariposas revoloteando en silencio de un lado a otro se posaban quietas evitando el murmullo de su aleteo. Hasta los rastreros insectos hacían un grave eco sin su presencia o al menos pareciera que no lo estaban.
En el corredor volteando hacia todos lados, solo veía a la muerte sentada esperando a ser visitada, contemplando la ausencia, contemplando a sus muertos, escuchando el sepulcral mutismo que reinaba aquella tarde 23 de Octubre del 2021 en uno de sus 117 panteones que tiene la Ciudad de México y mirando con extrañeza a esa presencia viva que se le quedaba viendo con cierta tristeza nostálgica, como queriéndola abrazar.
CIRO.