sábado, 30 de octubre de 2021

Una velada

 ¡Que desvelo! Eran las cuatro y media de la mañana cuando colgamos. Volví a oír tu voz, cómo si fuera la primera vez, sólo que en está ocasión sin distorsiones, clara y grave.

El tiempo pasó volando entre la media noche que me llamaste, las anécdotas que me relataste y ...la luna cobijada de nubes esperaba en mi ventana, mientras tú recibías una visita inesperada.

Fue una cálida bienvenida a nuestro futuro encuentro, una sorpresa que agradezco.

Por cierto...Será que pueda devolverle el rubor que a mi rostro ocasionó para la siguiente ocasión?


Segunda parte

¿Con qué afán nos empeñamos en sostener la noche sobre nuestros parpados cansados?

¿Qué es sin duda lo que no podemos ver y siempre imaginamos sostener sobre la mano?

Si lo sueño, voy a su encuentro y a disposición tuya yo me entrego.

Son tus historias un cuento, son tus palabras consuelo, tus carcajadas mi aliento y tu voz como el beso.


Tercera parte

Caí del cielo sobre el que me encontraba surcando montada en una nube blanca la cual con el pasó de los días se ennegreció, -!Vaya, que tormento!

Ni él lo previó, nada de esto parecía real, en solo un par de días, 2 semanas, un par de horas de charla, esto se había agotado, había llegado a las reservas de... de lo que parecía ser mi ilusión de nuevo, un nuevo amor que no me sofocara de tanto mensaje, de tanto hablar, de la distancia, de mi indiferencia y de mis pocas ganas de aferrarme a una nueva aventura que renueve ese brío que ya creo extinto hacia el amor.

Cuarta parte

No existe, por que él con justa razón decidió irse después de abatir con su ímpetu, le destroce las alas de una breve aparición de un personaje alegre, bello y sonriente. En fin... él no volverá a menos de que esté seguro que por más intentos que haga, por más raciones de inyecciones fervorosas que aplique sobre mí yo no cederé a lo que él con todo el corazón me entregó, y no es que yo no lo hiciera, solo que con mis reservas ya hasta tengo la despensa llena, que digo llena esta al punto de desparramarse por un solo sitio, y es esa puerta que tengo cerrada y que me he empeñado en mantenerla hermética hasta llegar a enamorarme hasta los huesos de alguien que no me rescate sino que me lance de lleno a donde él no pueda seguir mis pasos y se quede con la reserva de poder solo mirarme partir.


CIRO.