¡Era un día gris, en todas sus tonalidades!, ese día no sabría decir exactamente cuántos tonos de gris existieron aquella tarde....
Había una gran variedad de nubes, altas, bajas, delgadas y esponjosas, todas y cada una de ellas eran bellas, ensombreciendo el paisaje, amenazando con sucumbir ante los truenos del dios Tláloc.
Pero en mi interior ese día se dibujaban los rayos del sol que penetran a las nubes y dejan escapar un haz de luz que las atraviesa. Ese día fui feliz, mientras en el aire se respiraba la humedad de que se avecinaba tormenta, en la primera gota que cayó sobre mis labios percibí el sabor de tu boca, la brisa que acompañó las primeras gotas trajeron hacia mí tu voz envuelta en tu aroma, entonces todo se torno azul fuerte...aquel que antecede a la noche antes de tornarse oscura.
Aquella tarde podría jurar que no era el viento, ni la ausencia del sol tocando mis dedos, tampoco fueron los truenos haciendo eco o las gotas que parecían miel rozando mi cuerpo; ese día podría jurar que fueron tus besos los que me sorprendieron.