No tenía la necesidad de volar,
y sin embargo tenía unas alas bellísimas,
codiciadas por mucho y elogiadas
por todo aquel que la viera.
Todo le entregaban, su sutil figura
estaba a su favor, el resplandor de sus ojos
otra mentira hecha virtud.
De naturaleza delicada
pero al viento fuerte de una ráfaga
se convertía en las garras de un águila.
Cazadora por experiencia,
fría decían unos, como la niebla!;
sin expresión, una falsa ilusión.
Aquel día en que intento volar
ya le habían cortado las alas,
ese día desapareció su gracia
y la esperanza de ser quién quería ser.