Posó su frágil cuerpesito por la tristeza en aquella rama en qué yacía su nido y fragante de recuerdos.
Abrió sus alas sin percatarse de hacia dónde iba la corriente, y se veía claro que no tenía ni la más remota idea de a dónde iría, entonces batió sus alas lentamente, inmóvil, inmersa en su pensamiento, (me gustaría dar razón de cuál era su pensar o describir su expresión, pero es inútil), sólo ella sabía lo que había de pensar en ese momento vago, carente de todo y nada al mismo tiempo.
Cuando hubo agarrado la fuerza suficiente y la corriente de aire alcanzó sus alas, el viento la arrastró a un costado de la rama a la pequeña ave y la tumbó. Yo quedé sorprendida al ver que no reaccionó hasta al menos verse a no más de medio metro sobre el suelo. H e de confesar que quería correr a auxiliarla, pero mis piernas no reaccionaron y me quedé petrificada. Al final en un parpadear de ojos, ella ya había emprendido vuelo hacia el lado opuesto del horizonte, con un volar intermitente, como cansado, sin rumbo, sin compañero y en un atardecer frío.
Jamás volví a saber de ella, eso me entristeció mucho el alma, yo soñaba encontrar a una pareja como la suya y verme con esa persona toda una vida. Me recordó mis años de adolescencia.
CIRO.