Desperté por primera vez un amanecer sin ver la luz del día, sin embargo el tono de mi piel ya estaba premeditado... A lo largo de mi vida vi pasar muchos amaneceres, unos más bellos que lo otros; pero los de tonalidades rojizas y anaranjadas son los que más me gustan, los que marcan mi día.
Sin embargo con el paso de los años serían los atardeceres los que se fijarían a mí como parte de mi ser, con ellos nazco para darle paso a la fúnebre noche, llena de tanto silencio como ruido, de luz y oscuridad, de calidez y frío, de música, baile, poesía y amores para un rostro que está siempre al descubierto...
Me dí cuenta de que cada vez que miraba al cielo veía algo nuevo, que ninguno sería igual al otro, ¿parecidos? sí; cada uno igual de único que el anterior o el venidero, con mensajes, enseñanzas, tristeza, dolor, alegrías y recuerdos... Fue ahí cuando al mirar uno de esos recuerdos capturados por una fotografía, me percate de algo muy peculiar, mi piel ya estaba tatuada de él o mejor dicho de esos colores que siempre han cautivado mi mirada, que acompañan los momentos más gratos y trágicos de mi vida, y los llevo conmigo, los cuales se hacen más evidentes cuando me pongo frente a ellos y dejo que me abarquen y lleguen hasta el hueso.
Sí, habré abierto los ojos un amanecer, pero empecé a vivir un atardecer, con los mis colores de aquel día que me vio llegar y con los cuales pretendo morir...
¡Mi vida es un cielo rojo y e color se lo doy yo, con todo lo que soy! Incluso con estas letras que hoy me representan....CIRO.